En su Curso de Literatura Europea, Nabokov dice que un buen lector debe emplear "la imaginación impersonal y la fruición artística". Y da el sigiuente consejo a los lectores: "Debemos mantenernos un poco distantes y gozar de este distanciamiento a la vez que gozamos intensamente —apasionadamente, con lágrimas y estremecimientos— de la textura interna de una determinada obra maestra".
Indudablemente así es como debe leer un crítico, un experto. Pero, ¿se escriben las obras para los expertos? Yo por mi parte, sin dejar de conmoverme por la textura de una obra y los artificios de su autor, no renuncio a conmoverme también con los personajes y con las situaciones que éstos viven. Yo amo profundamente al Padre Brown, a Adán Buenosayres y a Samuel Tesler, a Etchenique (o Etchenáik), a Carlos Tomatis entre otros muchos. Son mis amigos, y parte del placer de leer y releer las obras que los tienen por personajes reside en volver a encontrarme con ellos.
Si hay una novela que parece escrita sólo para expertos es el Ulises de Joyce. Y bien, un personaje al que amo muy especialmente es Stephen Dedalus, que aparece en el Ulises y también en el Retrato del artista adolescente. Y amo la Dublin del Ulises, y me conmueven enormemente muchas de las escenas de esa novela grandiosa.
Puede ser que yo sea un ingenuo. Pero si leer no fuese eso, entonces creo que no valdría la pena. Al menos para mi.
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