lunes, 1 de julio de 2013

Críticos y lectores

Ahora que todos los críticos iniciados han decidido que ya no se pueden contar más historias y que, a lo sumo hay que limitarse a escribir sobre esa imposibilidad, no está de más recordar con Borges que ya "Stevenson, hacia I882, anotó que los lectores británicos desdeñaban un poco las peripecias y opinaban que era muy hábil redactar una novela sin argumento, o de argumento infinitesimal, atrofiado".  Borges por supuesto disiente y destaca "el intrinseco rigor de la novela de peripecias. La novela característica, 'psicológica', propende a ser informe. Los rusos y los discípulos de los rusos han demostrado hasta el hastío que nada es imposible: suicidas por felicidad, asesinos por benevolencia, personas que se adoran hasta el punto de separarse para siempre, delatores por fervor o por humildad... Esa libertad plena acaba por equivaler al pleno desorden".

La gente que de verdad disfruta de leer suele ignorar esas paparruchadas.  A Borges le gustaban las novelas policiales (por los mismos motivos que alega en el texto anterior) en una época en la que esas novelas eran consideradas con universal desprecio.  Incluso dirigió, junto a Bioy Casares, una de las mejores colecciones de novelas policiales que han existido en la Argentina; me refiero a El séptimo círculo.  Otro amante de la literatura policial fue Chesterton, que la defendió en un ensayo llamado "Defensa de las novelas de a penique", pero que además esparció por toda su obra rastros de esa preferencia, como en aquel cuento del Padre Brown en el que un científico deja de ir al estreno de la obra supuestamente "elevada" en la que actúa su esposa porque no puede resistir la tentación de quedarse tirado en su sillón favorito leyendo una novelita llamada El dedo sangriento.


Los "iniciados" de todos modos no cejan, y ahora hay quien opina que "se publican pelotudeces (sic) como Crímenes imperceptibles", o que habla de "pavadas como Las viudas de los jueves". Que se yo... En realidad son bastante inofensivos; nadie los lee.  Ojo: tampoco estoy diciendo que esas novelitas puedan compararse, digamos, al Quijote, a Shakespeare, o a Kafka.  Pero en muchísimos casos se trata de novelas bien escritas y tramadas, que pueden leerse con verdadero deleite.  Mucho mayor, desde luego, que el que brindan esos engendros escritos según la doctrina al uso (¿será la literatura posmoderna ahora?) y que se escribe solo para "consumo interno": solo los leen los miembros del ínfimo grupo que también los produce.  Son felices; dejémoslos en su torrecita de marfil mientras nosotros nos divertimos leyendo lo que se nos cante.

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