En la Ñ del sábado pasado, el crítico Andrés Hax la emprende con Inferno, la última novela de Dan Brown: "Tiene tanto sentido evaluar las novelas de Dan Brown dentro de un esquema de excelencia literaria como evaluar un Big Mac en términos de excelencia culinaria", comienza diciendo su nota. Pero Hax no deja de reconocer que Dan Brown es un maestro escribiendo "thrillers contemporáneos entretenidos para personas inteligentes a quienes no les importa la literatura -y probablemente hasta para personas que leen solamente uno o dos libros por año". A mi sí me interesa la literatura y leo bastante más que dos libros por año, pero a veces no desdeño leer una historia entretenida que hable de cosas interesantes. Y resulta que Dan Brown habla casi siempre de cosas interesantes, o al menos que a mi me lo parecen: el cristianismo primitivo y la supuesta relación de Jesús con María Magdalena, en el Código Da Vinci por poner un ejemplo. O "la filosofía transhumanista, la bomba matlthusiana de la sobrepoblación y la amenaza real y presente de un masivo ataque terrorista con un virus biológico hecho en un laboratorio", en esta nueva novela.
En resumidas cuentas, me dieron ganas de leerla y lo hice. Y confieso que me devoré sus 554 páginas en un par de días, con verdadero apasionamiento. Sí, es verdad, la novela no tiene valor como obra de arte. Tiene todos los ingredientes del best-seller típico: el profesor Robert Langdon, protagonista de El Código Da Vinci, que reaparece aquí; una médica joven, atractiva e intelectualmente superdotada; una conspiración en la que intervienen organizaciones secretas -y otras no tanto- y en la que está en juego la supervivencia misma de la humanidad; y escenarios sumamente prestigiosos (la novela transcurre en los sitios más famosos de Florencia, Venecia y Estambul) que hacen pensar inevitablemente en la película que probablemente se va a hacer en base al libro. Pero también es verdad que no cualquiera maneja el suspenso como lo hace Dan Brown, ni discute tantas ideas interesantes. "Lo que logra Dan Brown en Inferno es presentar convincentemente el argumento de que se tiene que reducir drásticamente la población humana sobre la tierra. Por este motivo, Inferno es un libro importante y hay que leerlo" dice Andrés Hax hacia el final de su crítica.
Hay muchos libros que no son buenos desde un punto de vista estrictamente literario, pero presentan ideas que valen la pena. Los de Philip Dick son un ejemplo clásico. La misma revista Ñ recuerda otro caso: la novela Hacedor de estrellas, de Olaf Stapledon, acerca de la cual el propio autor escribió en el prefacio que "de acuerdo con las normas de la novela tradicional es un libro notablemente malo". Y sin embargo esa novela fue prologada nada menos que por Borges, porque le interesaron sus ideas. Si Borges no tuvo pruritos en prologar una novela que literariamente no es buena, entonces yo me siento mucho menos culpable por haber leído y disfrutado tanto de Inferno.
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