martes, 9 de julio de 2013

The Palermo manifesto por Esteban Schmidt

Arturo Jauretche en El medio pelo en la sociedad argentina, libro que a pesar de mi antiperonismo me sigue pareciendo admirable, intentó mostrar los sucesivos fracasos de la burguesía nacional a lo largo de nuestra historia.  Tal vez The Palermo manifesto de Esteban Schmidt complete ese estudio mostrando el fracaso de esa clase media que en los 80s creyó en Alfonsín y en su consigna de la democracia con la que se iba a comer, a educar y a curar.  Clase media a la que pertenezco y cuyas ilusiones compartí.

Pero no vaya a pensarse que se trata de un libro triste o amargo.  Agridulce tal vez.  Pero hilarante.  Durante su lectura hubo muchos momentos en los que reí a morir.  Y muchos otros en los que no pude resistirme a leerle en voz alta a mi esposa párrafos enteros.  Está brillantemente escrito.  Le dije al autor que consideraba a The Palermo manifesto como el mejor ensayo de interpretación nacional escrito en este siglo.  En una de esas exageré (no he leído tantos después de todo), pero sí estoy seguro de que se trata de un libro indispensable para entender una buena parte de lo que nos viene pasando en los últimos 30 años.

Artemio López se refiere a The Palermo manifesto en los siguientes términos: "este primer libro de Esteban Schmidt es, entre otras cosas, el mejor intento de un verdadero joven ochentista de romper el silencio acerca de su propia práctica (práctica política, digamos) e intentar saldar el insoportable vacío -y sus efectos desoladores- que supone la ausencia de relato de aquellos que siendo realmente adolescentes y jóvenes creyeron en Raúl Alfonsín, su preámbulo, el saludito click!, David Ratto, el R.A. y, finalmente, dieron crédito a la repartija de salud, justicia y equidad en clave ya no populista sino, más o menos republicana".  Y si, es eso.  Está muy bien el comentario.

Es decir, eso es lo que constituye, por así decirlo, el fondo, el meollo del libro.  En la superficie hay dos ejes temáticos fundamentales: el primero, el barrio de Palermo y algunas de sus instituciones características (bares, librerías, festivales) como espacio paradigmático donde aquellos desilusionados buscan refugio.  Las cuarenta manzanas "donde se puede transitar y vivir sin deprimirse".

El segundo es la patria asesora, que toma cuerpo fundamentalmente en la figura de Luciano Di Nápoli, asesor de De La Rúa en su campaña presidencial, y de Filmus en su fallido intento por lograr en 2007 la jefatura de gobierno de la Ciudad.  Y también de FLACSO (escrito "Flaxo" en el libro), la usina generadora de buena parte de los intelectuales que se han ganado la vida como asesores de los diferentes gobiernos.  No me resisto a citar algunos párrafos sobre el tema, como para dar una muestra del tono general del libro: "Pero si hace veinte años que Flaxo pone funcionarios nacionales y municipales de educación y los alumnos son cada vez más flojos ... Y si, conscientes de eso, los licenciados mandan a sus propios hijos a escuelas privadas, la conclusión es que fallan en la gestión y diagnostican en su absoluto beneficio. Ganan la plata para los clubes Med de verano y se percatan de dónde no tienen que educar a sus críos para que prosperen en la vida y les paguen la parcela en el Parque Memorial en el futuro. Apuestan con información clasificada, compañeras y compañeros. Fea actitud.

Podrían retirarse unos años y hacer lo que hacemos todos cuando algo nos sale probadamente mal. No hacerla más. Y no es que no queremos que la gente zafe, porque para eso se estudia. Tampoco es que Flaxo es un terciario de la Secta Moon, pero puede ser más dañino que la Secta Moon de la que se habla tan mal, sin saber bien por qué se le cae con tanta mala onda a un chino.

El querido Daniel Filmus, por ejemplo, no es de la Secta Moon, pero fue funcionario de Carlos
Alfredo Grosso y de Carlos Saúl Menem, del intendente destituido Aníbal Ibarra y del matrimonio
formado por Néstor Carlos y Cristina Elisabet Kirchner. Una curva de veinte años asesorando en las alturas, decidiendo sobre escuelas, sobre planes, sobre obras, y los alumnos aprenden cada vez menos y son más justitos. Filmus, meá culpa, loco. Algo hacés mal. No dejás pasar una. Decí: Yo ya jugué, ya erré todos los penales, ahora que pruebe otro."

Y sí, Schmidt se ríe.  Se ríe de Di Nápoli, de Filmus, de FLACSO, de los bares y librerías de Palermo, de los radicales, de los peronistas, del Frepaso, de todos nosotros.  Y no nos cae mal, porque se ríe con esa risa agridulce con la que la gente que creyó y se desilusionó se ríe sobre todo de sí misma.

En definitiva un gran libro.  Un libro que además se lee de un tirón.  Divertido, provocador, hilarante y, fundamentalmente, indispensable para entender un poco mejor a este país que nos ha tocado en suerte.

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