Los filósofos se ocupan a veces de problemas que a los no iniciados les causan cierta perplejidad. Uno de ellos se refiere a la pregunta siguiente: ¿qué es un nombre propio? Veremos que, a pesar de su aspecto inofensivo, el problemita se las trae.
Bertrand Russell, en un artículo aparecido en la revista Mind en 1905, considerado hoy un clásico -On denoting- desarrolló la teoría según la cual los nombres propios serían descripciones abreviadas. Cuando uno dice, por ejemplo, "Messi", estaría diciendo en forma abreviada: "Jugador argentino, nacido en Rosario el 24 de junio de 1987, que juega como delantero en el FC Barcelona de la Primera División de España y en la Selección de fútbol de Argentina, de la cual es también capitán", o algo por el estilo. La teoría fue aceptada durante años por la mayor parte de la comunidad filosófica. Pero a fines del siglo XX, otro filósofo llamado Saul Kripke negó que los nombres propios se usen de ese modo y creó una teoría rival.
Según Kripke un nombre propio se refiere a un objeto determinado en todos los mundos posibles en que dicho objeto exista. En terminología técnica esto se expresa diciendo que un nombre propio es un designador rígido. El concepto de mundos posibles es tal vez un poco obscuro, pero lo que Kripke quiere decir creo que es esto: Messi podría haber sido jugador de otro equipo -el Valencia, digamos- y tal vez no haber jugado nunca en la Selección Argentina. Y aun así, si ese mundo se hubiese dado en la realidad, seguiría siendo Messi. Es más: en otro mundo posible Messi ni siquiera sería jugador de fútbol, pero siempre seguiría siendo Messi.
A mi me parece que el que se equivoca acerca de los nombres propios es Kripke. Está claro que su postura conlleva un esencialismo: existiría un Messi esencial que subsiste, de algún modo, por detrás de las circunstancias que la vida le vaya deparando. Que juegue en el Barcelona, en el Valencia, en el Atlético de Rafaela o que no juegue en ningún lado serían meros accidentes que no alterarían lo substancial de ese Messi profundo, siempre idéntico a sí mismo.
Pero, ¿como conoceríamos al Messi esencial? Yo, al menos, no tengo ni idea. Ni siquiera tengo idea de cómo se sabe de su existencia. Es más: no estoy para nada seguro de su existencia y, digámoslo de una buena vez, creo de hecho que no existe en absoluto. No creo que una persona sea otra cosa que la suma de sus elecciones, sus circunstancias, sus acciones y pasiones. Su historia, en definitiva. En esto al menos me parece que los existencialistas tuvieron razón: el hombre va construyéndose a sí mismo a lo largo de su vida.
Entonces Dr Kripke, Ud disculpará que un simple lego le diga esto pero, si se hubiese dado otro mundo en el cual Messi tuviese otra historia, simplemente no sería el mismo Messi (aunque lo llamasen igual); sería otro. Y el nombre Messi denotaría otra cosa, tendría otro significado.
Hasta donde mi entendimiento alcanza los nombres propios son, efectivamente, descripciones abreviadas como lo dijo Russell. Bertrand Russell tuvo razón. No me asombra, es algo que solía pasarle todo el tiempo.
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